En su libro “Un cielo lleno de metrallas: La verdadera historia de la Adelita”, el cronista José Alberto Galindo cuenta que en la época de la Revolución mexicana sólo hubo una única y original Adelita, Adela Velarde Pérez, quien fue una enfermera muy bella proveniente de una familia de comerciantes del norte del país.

Adela, quien pertenecía a una familia acomodada de Ciudad Juárez, se unió como enfermera a la Cruz Blanca cuando apenas contaba con 13 años de edad. Su autenticidad y su confianza en los ideales revolucionarios la colocaron como un digno ejemplo a seguir para las demás mujeres que participaron en la revuelta.

Tras estudiar la secundaria, se rebeló contra su padre para después incorporarse a la Asociación Mexicana de la Cruz Roja para ser enfermera, fue conocida por su eficiencia y destreza en la atención de heridos lo que la convirtió en la consentida de las tropas.

Era una mujer muy bella que sobresalía no sólo por su físico, sino también por generosidad. En el combate conoció al amor de su vida, un hombre llamado Antonio Gil de Río Armenta, sargento de las fuerzas de Francisco Villa, quien se dice fue el compositor de “La Adelita”.

Gracias a ella, a las soldaderas de la revolución se les conoce como Adelitas, por su entrega y su labor en la Revolución Mexicana.

Cinco mujeres con espíritu para trascender

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